TENDINT PONTS


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Ponts entre cultures, entre cultura i societat, entre raó i sentiments.
Se escribe, aleatoriamente, en la lenguas que conozco o me gustan.
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A Manolo Preciado: Domingos por la tarde



Esta semana ha fallecido el carismático entrenador Manolo Preciado, reconocido dentro y fuera del fútbol como una persona honesta, trabajadora, sincera, y valiente. Era un outsider que se hizo un hueco en el fútbol de élite, lejos de indecentes cifras billonarias, del show business, y de las ruedas de prensa sensacionalistas. Lo suyo era el fútbol de brega, el que cada fin de semana fuera una final, la suya propia, y unas ruedas de prensa con frases socarronas donde hasta el más pintado no podía evitar la carcajada. 

Son los tipos como Manolo los que reconcilian con el fútbol, que lejos de su parte comercial, sigue siendo un deporte de masas, que empieza a gustar desde la infancia entre cromos y bolas de papel de plata, que mueve cada fin de semana por campos de todo tipo a muchísima gente que nunca conoceremos, y que puede servir para pasar ratos estupendos si se le da la importancia que merece: la del entretenimiento.

Luis García Montero tiene un poema titulado "Domingos por la tarde", que me parece que lo resume bien, y que evidencia como del fútbol se puede hasta extraer un ejercicio lírico, que seguro hubiese gustado a Preciado. Hasta siempre Manolo.




DOMINGOS POR LA TARDE

A veces las infancias escapan de si mismas
y corren por la lluvia como en fuera de juego
sin oír las sirenas de los árbitros.
Es verdad que son mares en un vaso de agua,
pero hay olas que tienen es espuma
de las alineaciones,
paraísos que aguardan los despachos
del último minuto
o días que amanecen
con la tranquilidad de un tres a cero,
de un cinco a cero en punto de la tarde.

Por lo demás también hay labios
en el extremo izquierda del domingo,
lesiones en las dudas del mañana,
pasados que regresan
igual que una llamada de teléfono.
-¿Y lo de ayer? Sonríe la memoria,
cuando parece amiga del equipo contrario.

Las verdades del área
son rectas de dudosa geometría,
como ardientes amores de ficción
en manos de un penalti.
Por eso saben mucho
de la felicidad y la belleza.
No conviene que demos a estas cosas
un valor excesivo.
Son noventa minutos en un vaso de agua.
Pero a mí me han quitado muchas veces la sed.


(Luis García Montero. Del libro "Vista cansada", de Visor Libros, 2008.)