TENDINT PONTS


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Ponts entre cultures, entre cultura i societat, entre raó i sentiments.
Se escribe, aleatoriamente, en la lenguas que conozco o me gustan.
Aυτό είναι το σπίτι σας, i hope you will like it.



MUSICA Y CLASES POPULARES: REBETIKO, COPLA, FADO Y TANGO

Algunos de los cambios sociales de la era contemporánea provocados por la Revolución Industrial y por la constitución de los Estados-nación, se tradujeron en la aparición de nuevas capas sociales urbanas, algunas impulsadas del campo a la ciudad por la demanda de mano de obra, otras producto de exilios forzosos de sus lugares de origen a las metropolis de acogida, al constituirse Estados-nación pretendidamente homogéneos étnicamente.

Estas nuevas masas, por lo general, se instalaron en los suburbios, en condiciones de vida que en muchos casos eran marginales, y por extensión y pura supervivencia, acababan siendo delincuenciales.

En todo caso, pese a la cosificación que supone hablar genéricamente de "masas", esas gentes tenían conciencia de ser una clase, un conjunto, con los mismos problemas, las mismas penurias, las mismas alegrías, y sobretodo, los mismos enemigos, o al menos, los mismos odiados, ya fuesen las clases adineradas, ya fuesen las fuerzas del orden que esas mismas enviaban contra la mansedumbre furiosa.

Es en este contexto, en el que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en diferentes lugares del mundo, con lenguas diferentes, nacerían músicas populares de contenido muy similar, que darían banda sonora, muchas veces literalmente en actuaciones en directo en cafés, bares y tabernas, a esos barrios de Atenas, Lisboa, Buenos Aires, o Madrid. Hablamos del Fado, del Rebetiko, la Copla, o el Fado. También podría estar en esta lista el Blues, pero como tiene características originarias muy propias no comparables (esclavismo, racismo), he decidido dejarlo para un artículo aparte.

En todos esos géneros aparecen temas como el amor y el desamor, la tristeza, la nostalgia, los problemas sociales (paro, hambre, etc), y en algunos casos, la delincuencia, el alcoholismo, y las drogas, cara amarga de las condiciones de vida penosas de esos barrios.

En todos los casos, son músicas que tendrán un origen marginal, pero que rápidamente durante la primera mitad del siglo XX, se popularizarán entre otras clases, y con el concurso de intelectuales, se elevaran a género musical, y en algunos casos, a género nacional.

Este último punto, el de hacerlas musicas "nacionales", no siempre será bienintencionado. No se nos escapa que hablamos de España, Portugal, Grecia, Argentina/Uruguay: paises con largas etapas de dictaduras militares durante el siglo XX, a las que no les hará ninguna gracia que haya una música popular con elementos "de clase", pues toda dictadura lo es de unas clases sobre otras, y las militares comentadas lo fueron en favor de las más poderosas y adineradas, frente a las clases populares, a las que había de privar de instrumentos culturales, entre ellos el folkore, que pudiesen servir para elevar su conciencia política.

La manera de neutralizar esa música en su contenido incómodo al poder, será diversa.

Por un lado, todo un clásico: la censura, que prohibirá las canciones con temas que no convengan al régimen.
Es interesante, por ejemplo, ver como la dictadura griega de Metaxas, prohibirá las canciones en que se haga referencia al hachís (era costumbre fumarlo en los bares donde se cantaba rebetiko, los tekedes) o a cuestiones sociopolíticas, que los griegos exiliados desde Turquía cantaban en las afueras de Atenas y el Pireo. Mientras que los griegos exiliados a los EE.UU. seguirán introduciendo esos temas en sus canciones, fieles a los orígenes del género. La obsesión de Metaxas llegará al extremo de prohibir "Barbara", una canción que él pensaba que se refería a su hija.

En Argentina, tangos como "Pan" o "Al pie de la Santa Cruz" fueron prohibidos por sus letras explicativas del conflicto social.

La segunda manera, será más nociva y perversa: adulterar el género, absorberlo, con contenidos a medida del régimen, que le ayuden a legitimarlo vía cultura popular, con artistas cómplices que desvirtuaran por completo esas músicas, y les imprimirán un estigma reaccionario que, injustamente, generaciones posteriores no han sabido diferenciar. Es el caso de la Copla o el Fado, que erróneamente, se ha asimilado a la música de los regímenes de Franco y Salazar.

Por ejemplo, las folclóricas españolas convirtieron la Copla en la extensión musical de la España cañí, de la España machista y mojigata que se jactaba de la incultura propia. Concha Piquer o Estrellita Castro, entre otras, fueron dos de las coplistas que sirvieron a ese propósito, y que cubrieron injustamente de caspa un género vivo y creativo, que había tenido entre sus impulsores intelectuales progresistas, como ya explicamos en este blog al hablar de Miguel de Molina, Lorca, y De León.

Frente a esos intentos de ahogar o tergiversar la cultura popular, los intelectuales progresistas acudieron al rescate de esos géneros y su origen, y en algunos casos, esas canciones se convirtieron en un instrumento más de combate a las dictaduras.

Fué el caso de Mikis Theodorakis, Manos Loïzos, o Giorgos Dalaras en Grecia, de Carlos Cano y Joan Manel Serrat en España, o de Carlos do Carmo en Portugal.

Para acabar este post, una canción que resume la paradoja. Un fado interpretado por Amalia Rodrigues, la fadista portuguesa más importante de todos los tiempos, pero a la que se ha acusado muchas veces de complicidades con la dictadura de Salazar, extremo que ella ha rechazado. De hecho, una vez muerta, José Saramago desveló que Amália había financiado al Partido Comunista Portugués durante la dictadura.

Este fado es una versión de un poema de David Mourao-Ferreira dedicado a los presos políticos encerrados en la fortaleza de Peniche durante la dictadura, tristemente famosa por ser de donde escapó junto a otros 10 presos en 1960 el líder comunista Alvaro Cunhal.





ABANDONO

Por teu livre pensamento
foram-te longe encerrar.
Tão longe que o meu lamento
não te consegue alcançar.
E apenas ouves o vento.
E apenas ouves o mar.

Levaram-te a meio da noite:
a treva tudo cobria.
Foi de noite, numa noite
de todas a mais sombria.
Foi de noite, foi de noite,
e nunca mais se fez dia.

Ai dessa noite o veneno
persiste em me envenenar.
Ouço apenas o silêncio
que ficou em teu lugar
Ao menos ouves o vento!
Ao menos ouves o mar!